Entrevista con Helga Hirschberg

Entrevista con Helga Hirschberg La primera discípula occidental de Su Santidad Gyalwang Drukpa.

“Nunca olvides practicar el Dharma” fueron las últimas palabras del pasado Thuksey Rinpoché cuando le ofrecí la kata de despedida.

 Su salud se había deteriorado rápidamente durante los últimos meses, se necesitaba un tratamiento en Delhi, su cuerpo estaba tan débil, que el estaba sentado en una silla mientras los monjes lo cargaban de su departamento en Dali Gompa Don hacia el jeep.

1Thuksay

Todos estábamos parados alrededor del carro con lágrimas en los ojos, incluyendo a Su Santidad Gyalwang Drukpa.  No sabíamos que era la última vez que veríamos a nuestro Maestro.

 

 El tomar refugio no había sido una decisión espontánea para mi, aun que ya había pasado por bastante sufrimiento en mi vida como un matrimonio infeliz, relaciones decepcionantes, un estilo de vida superficial, suficientes razones para tenerme insatisfecha e inquieta.

 

 Sin embargo, otra parte dentro de mi, definitivamente se apegaba a estos patrones y estaba convencida de que la vida mundana podía ser divertida.

 

 Finalmente me fui, necesitando un cambio y terminé en Dharamsala al principio de los años setentas.  Conocí una monja quien me sugirió que viajara con ella a su cueva en Tso Pema.  En el camino nos paramos en Tashi Jong para los bailes de las máscaras y para tener una audiencia con su maestro, el pasado Khamtrul Rinpoché.  Recibí la iniciación de Chenrezig de el y unas horas más tarde le estaba ofreciendo katas a Lama Wangdor Rinpoché en la cueva de Guru Rinpoché en Tso Pema.  Esta fue mi introducción auspiciosa en la familia Drukpa.

 

 Sin embargo, los apegos a samsara eran aun muy fuertes.  De nuevo estaba en una relación, esperando que sucedieran cosas maravillosas, estas nunca llegaron.  Entonces empecé otro viaje a la India, esta vez a Ladakh al Monasterio de Hemis y muy pronto conocí a Thuksey Rinpoché y a Su Santidad quien en esa época tenía 12 años.

2Hemis

 
 

 Aun que fui profundamente tocada por estos seres poco comunes, profundamente impresionada por la belleza de Ladakh – que por cierto sigue siendo mi lugar preferido en los Himalayas-, mi mente dudosa fue la ganadora de nuevo.

 

 Un par de años mas tarde, hice otro intento y decidí pasarme todo el invierno en Leh.  Toda la gente de negocios se había ido y todas las actividades espirituales sucedían durante esos meses.

 

 Plegarias en los monasterios, bailes de máscaras, monjes leyendo escrituras sagradas en cada casa, nada parecía ser mas importante en el momento!  Durante días y semanas el aire estaba lleno del canto de mantras, del sonido de las pujas.

 

 Finalmente entendí que estos fuertes creyentes, esta gente sencilla, -generalmente me rodeaba de gente pobre-, ellos sobrevivían con una sonrisa en la cara bajo las condiciones mas extremas, sobretodo durante esos meses duros de invierno.  Estas gentes tenían algo que yo buscaba desesperadamente:  paz mental, y confianza.

 

 Todavía era invierno cuando limpiaron las carreteras y caminos de la nieve y llegó Thuksey Rinpoché a Hemis.  Unas cuantas horas más tarde, yo me senté frente a el y me convertí en Sangye Choedron.

 

 Mi tiempo alrededor de este gran Yogi fue algo muy precioso.  El plantó la semilla en mi, como le explicara Su Santidad más tarde.  Después del festival, el dio enseñanza extensa sobre los Cuatro Fundamentos.  Para la práctica, me mandaron a Manali al monasterio de Apho Rinpoché.  Durante estos meses, seguido veía a Gen Khyentse, otro yoghi excepcional del linaje quien era el encargado de guiar espiritualmente a Sey Rinpoché quien aun era adolescente.

 

Yo había encontrado a otra parte de la familia Drukpa.

 

 Una de las actividades favoritas de Thuksey Rinpoche en Darjeeling, era la recitación de cien millones de Mani mantras, una ceremonia tradicional que se hace después del Año Nuevo Tibetano.

 

 Muchos laicos de las áreas circundantes, monjes y monjas de Sikkim y Kalimpong se reunían en el antiguo monasterio.  Al mismo tiempo era una reunión social.  Se servía te tibetano de mantequilla y galletas de Kapse.

 

 Cada tarde, Rinpoché bajaba.  Después de una enseñanza corta, el cantaba el Mani mantra con esa voz profunda y melodiosa y nosotros nos uníamos al canto.

 

 Después todo el mundo recibía sus bendiciones.  El bendecía los malas, a los perritos o a cualquier parte adolorida de un cuerpo, tan solo con su aliento.  Este proceso llevaba horas y horas, pero el tiempo no importaba.

 

 Siempre a su lado estaba Khenpo Noryang, definitivamente uno de los Khempos mas eruditos de la época.  El siempre andaba fachoso como todo un yoghi Drukpa a quien no le importaba nunca su aspecto, sin rasurarse jamás, con hoyos en su hábito, con zapatos rotos.  Los turistas que llegaban al monasterio ni siquiera querían verlo, talvez pensaban que era uno de los ayudantes muy pobres de la cocina.

 

 El y Thuksey Rinpoché eran como hermanos, los dos eran muy estrictos.  Antes de quedarme en el monasterio la primera vez, tuve que pedirle un permiso especial a el.

 

 Después de que llevaron a Rinpoché al hospital de Delhi, yo me fui a BodhGaya a hacer otro set de preliminares.  Como ya empezaba a hacer calor, decidí pasar la noche en el Árbol del Bodhi, hacer postraciones y kora hasta la madrugada y dormir durante el dia.  Solamente algunos otros practicantes estaban ahí, y un monje Tailandés sentado en silencio bajo su red contra los moscos.  ¡Que pacificas eran esas noches, que llenas de energía!

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 Una mañana cuando regresaba a mi habitación, llegó un amigo corriendo con un telegrama de Darjeeling:  Thuksey Rinpoché acababa de dejar su cuerpo y estaban por llevarlo de regreso al monasterio para hacer los rezos y ceremonias tradicionales.  Era un 18 de marzo de 1983.

 

 Me resulta un tanto difícil describir los sentimientos y emociones de ese momento.  Recuerdo haber estado en un estado de shock total, paralizada, como si el corazón hubiera dejado de latir, mientras la mente trataba fuertemente de creer algo que en el fondo se rehusaba por completo a aceptar.  Nuestro padre espiritual había dejado a sus hijos, solos y desamparados.

 

 Me sentí peor cuando llegué a Dali Gompa unos cuantos días después.  Sobretodo en la habitación donde estaba el cuerpo de nuestro adorado Gurú.  Todos los monjes y monjas, jóvenes o viejos, después de postrarse, se sentaban a orar, con los rostros llenos de lágrimas.

 

 Se hacían pujas continuamente junto con oraciones de Guru Yoga.  Su Santidad, apenas con 20 años de edad, se veía pálido, delgado y profundamente triste.

 

 Con la pérdida de Thuksey Rinpoche y unos cuantos meses después, la perdida de Khenpo Noryang, los dos pilares principales del linaje y del monasterio habían desaparecido súbitamente.  Toda la carga parecía estar ahora en los hombros de Su Santidad.

 

4Thuksay

 

 Hasta ese momento, el había dedicado la mayoría de su tiempo a sus estudios y retiros, sin embargo, ahora la responsabilidad del trabajo que habían empezado Thuksey Rinpoché y Khenpo Noryang desde que llegaron a la India de refugiados, le pertenecía por completo.

 

 Unos cuantos meses después, durante otra estancia en Dali gompa, sentí el deseo profundo de volver a tomar refugio y la necesidad de una guía espiritual.

 

 Pensé en Su Santidad, pero no tuve ningún sueño maravilloso que me guiará.  Solamente sabía que desde nuestro primer encuentro, su luz y su amor me habían tocado profundamente.  Yo estaba convencida que Thuksey Rinpoché, nuestro primer Gurú, ya nos había conectado y había creado la conexión Dhármica.

 

 Sin embargo dudé, me sentía muy avergonzada de pedírselo.  Su trono era demasiado alto, su título demasiado grande y quien era yo?  Finalmente un dia fui a su habitación – el estaba parado hasta arriba de las escaleras como si ya me estuviera esperando- y unos momentos mas tarde, yo ya me había convertido en miembro de la intrépida familia Jigme.

 

5HH

 

 Durante ese tiempo, a principios de los ochentas, Su Santidad viajaba básicamente alrededor de India, Ladakh y Nepal.  Cada vez que nos veíamos, yo recibía enseñanza y trataba de practicar tanto como mi itinerario mundano me permitiera.

 

 Poco a poco descubrí lo mucho que a el le gustaba practicar en cuevas.  El me explicó cómo las piedras absorben las bendiciones de los yoghis que se han quedado anteriormente en estos lugares y cuánto pueden estas bendiciones apoyar nuestra propia práctica.

 

 Siguiendo su ejemplo, me fui a mi primer retiro en cueva en Ladakh.  El primer año me quedé en Urgyen Dzong solamente un mes pero el siguiente, me quedé desde el final del invierno hasta el principio del próximo invierno.  Cubrí la entrada con una tela y le puse unas ramas para que la gente no pudiera entrar.  Nunca lo hicieron, aun que abajo en el pueblo, todo el mundo sabía de mi retiro.

 

 Algunas veces los peregrinos visitaban ese lugar sagrado.  A lo lejos, yo podía escuchar sus pisadas y sus risas.  Mientras se acercaban mas y mas, se paraban debajo de “mi” cueva y entonces uno de ellos contaba que había una mujer de tez clara quedándose sola ahí, mientras otros hacían comentarios de incredulidad.  Al pasar del tiempo sus relatos se hacían mas y mas elaborados, realmente me hacían reír.

 

 Muchos de ellos dejaban ofrendas a la entrada de la cueva, sobretodo aceite para mis lámparas de mantequilla, suficiente para todo mi retiro.

 

De vez en cuando venían pastores con sus ovejas y me dejaban pan hecho en casa y jocoque, nunca me vieron y yo jamás los vi. a ellos.  Tan solo escuchaba su respiración mientras se arrastraban hacia la cueva murmurando mantras, mientras desde el interior, yo les agradecía en silencio y les deseaba el bien.

 

 Su generosidad y respeto me conmovían profundamente.  Yo sabía que el valle mas cercano era bastante pobre y aun así ellos compartían conmigo la poca comida que tenían, debido a sus mentes puras.

 

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 Antes de irme a la cueva, le pregunté a Su Santidad si habría algún peligro para mi, sabiendo que estaría ahí sola y el pueblo mas cercano a 2 horas a pie.  Simplemente me contestó:  “No hay problema, solamente observa tu mente”.

 

 De hecho, físicamente yo estaba perfectamente bien, mucho más difícil fue manejar la mente.

 

 La mente continuaba inquieta y ruidosa a pesar de las fuertes bendiciones del lugar.  La expectativa y el miedo eran mis compañeros constantes.  Todavía tenia que aprender a estar sola sin sentirme sola.  La práctica frecuente de Guru Yoga me ayudaba a relajarme y a sentirme mas cerca del Maestro.

 

 En las noches hacía Chod.  Siempre había deseado hacer esa hermosa practica sola, en la oscuridad.  Sin embargo el hecho de hacerla, resultó un tanto diferente.  Mi naturaleza miedosa fue retada muy a menudo, especialmente durante esas noches oscuras sin estrellas en donde hay una luna vacía y los fuertes vientos crean todo tipo de sonidos extraños.

 

 En ese sentido, los retiros subsecuentes en Gotsang fueron mucho mas fáciles, de hecho los más felices hasta ahora.  La mente estaba menos tensa, mas abierta a las bendiciones del Gurú, pude sentir su presencia.

 

 Apreciaba y le daba la bienvenida al silencio profundo que solamente mi propia respiración podía interrumpir, o mi voz o el sonido ocasional de algo externo.

 

 A menudo los ratones venían a molestarme, especialmente durante mis meditaciones, ellos empezaban a correr alrededor, a brincar arriba y abajo.  Un dia le conté a Su Santidad sobre los ratones, y el riéndose me contestó:  “pueden ser tu Gurú”!  Y eso hizo definitivamente que cambiara mi actitud hacia ellos.

 

 A pesar de todas las incomodidades, de la lluvia, nieve, frío y la comida monótona durante meses, realmente yo amaba esa cueva, me sentía bien protegida, profundamente inspirada, jamás deseaba estar en otro lado que no fuera ahí.

 

 Nunca queriendo admitir el fuerte apego que tenía a la cueva, el Gurú tuvo que amenazarme fuertemente hasta que abrí los ojos y entendí.

 

 Cada vez que el apego se hacía muy pesado, muy sólido, Su Santidad con su compasión infinita, me echaba al agua, como yo digo, helada y dolorosa.  Hubo veces que pensé que me ahogaría, no lo hice, no lo he hecho hasta ahora.

 

 Mientras tanto, la búsqueda por la nueva encarnación de Thuksey Rinpoché empezaba.  Bajo dos circunstancias muy auspiciosas, ambos Chenrezigs, Su Santidad el Dalai Lama y Su Santidad Gyalwang Drukpa, se juntaron en Hemis, subieron a Gotsang, hicieron una Puja en la cueva principal, se sentaron en meditación y los dos tuvieron la misma visión, de la familia del joven tulku cerca de Ladakh en la frontera con Tibet.

 

 Qué felices fuimos todos cuando finalmente lo encontraron.  Se hizo una gran recepción en Hemis.  Nos paramos en el techo del monasterio para ver las líneas oscuras de monjes a caballo descendiendo lentamente de la montaña contraria.

 

 A pesar de que era apenas el fin del verano, cayó una nevada fuerte y muy auspiciosa cuando la procesión llegó al monasterio.

 

7ActualThuksey

 

 Todos estábamos tremendamente impacientes por ver al nuevo hijo del corazón (Thuksey) apenas de dos años de edad.  Este niño, hijo de una familia nómada, tenía el cabello largo y negro, y los cachetes redondos y rosados.  Sus ojos grandes y oscuros veían el entorno nuevo pero a la vez familiar, mientras el primero mandala se le ofrecía en el salón principal.  Todos viajamos juntos a Delhi y Darjeeling donde fue entronizado en el monasterio construido por su encarnación previa.

 

 Mientras tanto, Su Santidad empezaba a viajar a occidente con Bairo Rinpoché y MayumLa.  Principalmente para cumplir su anhelo de ver a Su Santidad Dudjom Rinpoché antes de que el gran Yoghi dejara su cuerpo.

 

 Después comenzó lo que llamábamos el TAM (tour alrededor del mundo).  Nos vimos en Roma donde la visita tuvo como punto álgido una audiencia con el Papa, nos detuvimos en varias partes de Alemania y Suiza.  Y después ellos se fueron a los EEUA.  Era un tour privado, muy poca gente los conocía en ese entonces.

 

 El poder estar con la familia sagrada, como yo les digo, fue algo inolvidable, una enseñanza extraordinaria sin fin.  Ahí estaba el ejemplo viviente del amor puro e incondicional, de respeto profundo.  Ellos estaban simplemente felices de estar juntos, riendo, haciendo bromas no importaba donde estuviéramos.  Podían estar en un supermercado o en una fabrica de coches o todos vestidos de brocados y sedas en frente del Papa, ellos siempre eran los mismos:  puros, amorosos, auténticos.

 

 ¡Que vivan muchos años y que nunca se separen es mi deseo y oración sincera!

 

 Después de completar el TAM, Su Santidad empezó a viajar mas seguido a occidente, casi de forma regular.  Debido a sus actividades incansables, nuestra familia Drukpa creció rápidamente, se organizó mejor.  Surgieron mas refugiados Jigme, mas centros en Europa y otros países, mas textos se imprimieron y tradujeron.

 

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 Aun fascinada por las cuevas y todas las historias maravillosas conectadas con ellas, me fui de peregrinaje a Tibet Central.  Me fui caminando y de “ride” a las ermitas remotas en lo alto de las montañas.  Lugares de poder que habían sido bendecidos por Guru Rinpoché y otros grandes yoghis.  Sin un permiso especial para visitarlos, pase por campos armados Chinos y retenes.  Fui recibida cálidamente por monjes y ermitaños, logré hacer Tsok y chod en las noches.  Sin encontrar obstáculo alguno, me sentí totalmente protegida y guiada.

 

 Llena de gozo y entusiasmo profundos con respecto a ese peregrinaje, regresé a Katmandú y se lo mencioné a Su Santidad y le dije lo maravilloso que sería poder circuambular el Monte Kailash juntos.  Nunca imaginé que sucedería, pero sí sucedió!

 

 Y siguieron más peregrinajes, a pie, en bicicleta, cantando, rezando, escuchando las enseñanzas del Corazón del Gurú, todo esto ha sido parte de este bello y en ocasiones difícil proceso de aprendizaje, de crecer entre seres puros e iluminados.

 

 ¡Que nunca cese!  ¡Que nuestra motivación de beneficiar a los seres sea ilimitada!

 

 

Plouray, en el mes sagrado de Sakadawa 2008.

 

 

(C) DPPL-Spanish México 2012

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